sábado, 11 de diciembre de 2010

Rapsodia en el baño

Estoy sentado en el escusado y escucho música salir de mis intestinos. No logro distinguir cada uno de los instrumentos, pero el sonido lleva su tiempo, nadie se sale de él.
Abro los ojos y me doy cuenta que estoy cagando.
¿Cómo es posible que de mi mierda salga música? - Me pregunto en voz alta.
Vuelvo a cerra los ojos y sigo escuchando. Parecería que tengo dentro de mí a una filarmónica, la cual no está llevando una lectura musical, simplemente se deja llevar por sus pasiones.
¡Mierda!
- ¿Qué pasó?
-¿Dónde está la música?
El silencio era parecido al de un valle sin viento, daba un poco de miedo.
Consternado, me despego de la taza de baño y lentamente voltéo para ver qué pasaba. Ahí estaba, era una mierda de escala bíblica, algo inimaginable. Cualquier historia épica era mínima a comparación de lo que veían mis ojos.
Ahora comprendía todo, algo divino se estaba gestando en mis tripas, y hacían música para poder librarse de mí.
¡Ingrata! - le grito a la mierda.
Tan bien que estabas dentro de mí, y lo único que deseas es escapar.
Tiro la cadena , con un voz molesta y señalandola, digo: ¡ Vete al caño, pinche desleal !

domingo, 7 de noviembre de 2010

Un paseo por el "Table"

Como todos los jueves después de una juerga en el Zazá* , los últimos en salir del bar fuimos el Bruce, el Diablo y Yo, un poco mareados por el alcohol. Bruce con una voz barrida y la mirada perdida preguntó: ¿Qué sigue?
- ¡Vámonos de Putas!  Respondió el Diablo .
 El Diablo es uno de los tipos más extraños que he conocido en mi vida, es un especimen raro, una combinación entre el mal y lo culero, cuando puede saca ventaja de los amigos, pero eso si, es el primero en ayudarlos.
De inmediato nos subimos en un taxi y nos encaminamos hacia un putero de la Zona Rosa, y en menos de cinco minutos, ahí estabamos, frente a la puerta de uno de los varios bares que se pueden encontrar en esta zona.
¡Buenas noches caballeros! se dirigió uno de los cadeneros hacia nosotros, con una sonrisa que intimida, ¡Dejenme hacerles una revisión! en ese instante se acercaron tres tipos más, eran mitad gorila y mitad robot, a los cuales no le sacas una sonrisa ni a madrazos. Comenzaron a revisarnos y el Diablo dijo: O quitas tus manos de mis huevos o mínimo dame un besito, terminando su frase con una carcajada diabolica como las que el acostumbra a hacer. El cadenero sonrió, sólo por que era un cliente.
¡Pasen porfavor, si gustan dar una propina, se los agradeceré!, dijo el cadenero con una seguridad inquebrantable.
¿Qué? este tipo está pendejo, ¡ si sólo falto que le bailaramos al cabrón ! - repliqué mentalmente. Sólo le sonreí y me metí al lugar sin darle un sólo centavo.

Una de las cosas que más odio de este planeta, son los bares de table dance y no es que sea moralísta, sino es por esa insistencia desmedida del personal (cadeneros, meseros , bailarinas y cigarreras) en querer enjaretarte algo, o pedir una propina a toda pinche hora, además de las malditas cuentas.

¡Son ciento veinte pesos de cover, por persona!, sonrió una señorita de cincuenta y cinco años. Ni pedo, dije, abriendo mi billetera y pagando.

Subimos al salón principal y estaba absolutamente solo, eramos los únicos clientes. Había una chica meneando el cuerpo sobre una pasarela con un tubo en el centro. La música no era mala, era culerísima. Uno de los meseros se nos acercó para asignarnos una mesa, lo cual se me hizo una pendejada, ya que podíamos escoger cualquier mesa, no había nadie en el putero.

Al sentarnos se acercaron como seis bailarinas.
¡Creo que les caimos bien!, dijo el Bruce, con una sonrisa no muy bien definida. Todos soltamos una carcajada.
Por lo regular las chicas en este tipo de lugares eligen a sus clientes, esta vez teníamos la oportunidad de elegir a la chica que quisieramos.

El Diablo sentó a dos chicas en sus piernas y comenzó a platicar con ellas, ignorandonos completamente, el Bruce cerro los ojos y se quedó dormido.
Se acercaron más chicas a la mesa y todas se querían sentar.
Un poco molesto dije: ¡Esperen, sólo quiero platicar con una de ustedes!, extendí la mano y tome de la mano a una chica rubia. Le pregunté: ¿quieres acompañarme? , la chica sonrió y me dió un beso en la mejilla.
Hola ¿cómo te llamas?, me preguntó con una linda sonrisa.
- Alex, y tú? , respondí.
- ¡Marge!, me respondió acariciandome la cara suavemente, sentandose junto a mi.
- ¿Quieres un trago?, le pregunté mirando fijamente a sus ojos.
- ¡Seguro!, levanto la mano y el mesero estaba junto a nosotros en un abrir y cerra de ojos.
Me das un vodka con jugo de naranja porfavor, la chica le cerró el ojo al mesero.
- ¿Para el caballero?, preguntó el mesero, - un bourbon directo porfavor, dije sin titubeos. El mesero se alejó.
 ¿A qué te dedicas?, me preguntó la rubia.
- Soy un vagabundo, conteste su pregunta riendome burlonamente.
- ¡Ya! ¡En serio! ¿A qué te dedicas?, me contestó con una voz quejumbrosa.
- A ciencia cierta, no sé, hago un poco de todo, música, escribo y atiendo un bar, respondí subiendo un poco los hombros.
- ¡¿Eres músico?!, preguntó la chica efusivamente. (Sólo las chicas y los músicos sabemos perfectamente lo apasinados que somos en el sexo).
- Bueno, no sé si sea músico, pero lo que si soy, es un rockstar. Respondí mientra le guiñaba el ojo y le tocaba el cabello.
Creo que dije las palabras magicas, la chica me miraba admirada. Era ese tipo de miradas que no sabes si es de asombro o de duda. La chica volteó a ver al Diablo y le preguntó: !Oye¡ ¿A qué se dedica tu amigo?
- Ese cabrón es un rockstar, así que tratalo bien, respondió el Diablo con su sonrisa diabólica.
Marge me miró a los ojos y me preguntó: ¿Qué tocas?
- Te refieres a ¿la música? o ¿al instrumento?, respondí suavemente en su oido.
- Las dos cosas, respondío Marge dandome un beso entre la mejilla y la boca.
- Si soy un rockstar, obvio toco rock, y soy guitarrista. Pero lo qué más me gustaría tocar, es tu piel. Respondí mientras le tocaba un muslo.
¡Sus tragos señores! interrumpió abruptamente el mesero. ¿No sé porqué los meseros tienen esa capacidad de desintegrar una plática cuando esta está en su climax?.
Marge tomó su trago y me dijo: ¡Salud!, chocando su vaso contra el mio.
-Salud, contesté mientras me tomaba la mitad del bourbon de un solo trago.
- ¿Quieres un baile mi amor?, me preguntó la rubia tocandome la pierna.
- Sólo si me dices mi nombre. respondí.
- Alex, tu nombre es Alex, y eres un rockstar. respondió.
Me tomó del brazo y nos dirigimos hacia los cuartos privados a un paso apresurado. Llegamos al privado y se sentó junto a mi,  me acariciaba la espalda mientras terminaba la canción que pasaba. Cuando terminó la canción y comenzó la nueva Marge me comenzó a bailar de una manera exótica, pero muy falsa. La tome de una mano y le dije: Marge, o como te llames en la vida real, te pido de favor que no actues en este baile, sólo disfrutalo al igual que yo, sólo siente como te mueves. Marge me miró y me dió un beso en la boca, se quitó la ropa y lo único que hizo fue abrazarme. Me abrazó hasta que terminó la canción. Fue una sensación muy extraña, sentir como una completa desconocida me abrazara honestamente, desnuda, sin nada que esconder. En ese momento me hubiera gustado que la canción durara doce minutos, algo así como " the gift" , una canción de los velvet underground. Pero no, en los puteros suenan canciones culeras de tres minutos.
Marge se despegó de mi y mientras se vestía me dijo: Esto no se puede hacer en mi trabajo, pero porfavor anota mi número y mandame un mensaje ahora que salgas, quiero una noche contigo. Saqué mi teléfono del bolsillo de mi pantalón y me lo dictó. En ese mismo instante le envié un mensaje, y dije: ¡Listo! tienes mi número.
Salimos del privado y vi como mis amigos ya estaban pagando la cuenta, creo que no estuvimos más de treinta minutos en el lugar. Me acerqué a ellos, tomé la otra mitad de mi bourbon, puse mi parte de la cuenta y nos largamos. Mientras salíamos vi de frente a Marge y le guiñé el ojo.
Al día siguiente mientras hacia mis cosas pensaba en lo que había pasado la noche anterior, y sabía que no iba a pasar nada con esa chica. Pasó el viernes y el sábado y la rubia ni sus luces.
El domingo estaba cansado, había tenido un fin de semana de desvelos, así que decidí dormir a una hora razonable, quizá a las once de la noche. Por lo regular sufro de insómnio, pero ese domingo dormía como un bebé .
Dentro de mis sueños se escuchaba un teléfono, pero me percaté que en verdad sonaba mi teléfono, que no era un sueño.
Eran cerca de las cuatro de la madrugada, me levanté con el corazón alterado. A esa hora por lo regular llaman los borrachos que se equivocan de número, mi amigo el Tijuano, que también es un borracho y sólo llama para seguir la fiesta o algún familiar para dar una mala noticia. Tomé el teléfono rápidamente y gran sorpresa, ¡Era Marge!.
¡Bueno! Contesté con una voz muy rasposa.
- ¿Estabas dormido?, me preguntó Marge.
- No, estaba esperando tu llamada, respondí entre una risa y un bostezo.
- ¿Puedo pasar a visitarte en unos veinte minutos?, me preguntó apresuradamente.
- ¡Claro!, te paso mi dirección en un mensaje, respondí.
Colgamos y le envié la dirección.
Qué puta suerte la tuya, me dije mirandome en el espejo del baño, mientras me lavaba los dientes y me echaba un poco de agua en la cara para despertar.
Como a los treinta minutos sonó el timbre de mi departamento, salí en boxers y una playera para recibirla. ¡¿Siempre recibes a tus invitados con esa vestimenta?!, me preguntó con una sonrisa en la boca. - No, sólo a tí, responí mientras abría la puerta.
Entramos al departamento y me dió un largo beso en la boca. Se quitó la chamarra y la colocó en un sillón.
¿Te ofrezco algo?, pregunté.
-Sólo quiero dormir, pero antes dejame bañarme, respondió mientras me daba un abrazo.
Marge iba preparada, llevaba un maleta con cremas y cosas de mujeres, también tenía una toalla de baño.
Esperame en el cuarto, ¡ahora voy!, me dijo con una voz muy dulce.
Llegué a la recamara y comencé a leer un libro que estaba por terminar. Poco después llegó Marge a la habitación, completamente desnuda, con un olor a mujer limpia. Se tiró en la cama junto a mi y me comenzó a besar. No sé en que momento yo ya tenía un preservativo puesto y estaba dentro de ella.
Cuando terminamos nos quedamos completamente dormidos.
Al día siguiente nos despertamos y tuvimos sexo de nuevo, después nos dimos un baño y la invité a desayunar. Era uno de mis típicos desayunos de las dos de la tarde.
Mientras comíamos me preguntó: ¿Qué opinas de mi?
- ¿Opinar de qué? respondí antes de dar una mordida a mi desayuno.
- ¡Si! de mi, de mi persona!, afirmaba poniendo firmes las manos sobre la mesa.
- No lo sé, es el primer día que estoy contigo, sería muy aventurado darte una respuesta. ¡No nos conocemos!, le dije mientras tomaba mi taza de café.
- Pero ¿qué sentiste ayer y hoy mientras haciamos el amor? preguntó insistentemente.
- Bueno, sentí rico. respondí con una sonrisa en la boca.
- No hablo de la parte corporal, hablo de sentimientos.
- ¿Cuales sentimientos?, si no tengo ni veinticuatro horas de conocerte, contesté un poco alterado.
- ¿Porqué los hombres no toman en serio a las mujeres como yo?, me preguntó con una cara desencajada.
- Bueno, la verdad es que te conocí en un putero y creo que parte de ese negocio es no mezclar sentimientos con el trabajo, en este caso tu trabajo, es el sexo, respondí tranquilo mientras la veía a los ojos.
- ¿Qué clase de persona eres?, preguntó con un tono agresivo.
- Soy un rockstar común y corriente, responí sarcasticamente.
- Eres es un tipo de mierda, un pendejo acomplejado,  gritó mientras se levantaba de la mesa.
Salió a un paso apresurado del restaurante. La vi alejarse con su maleta. La gente me miraba, yo los ignoraba mientras le daba un sorbo a mi café.
Nunca supe más de Marge, pero aún sigo esperando su llamada, y no es que sienta algo por ella, el tema es que se olvidaron sus aretes en mi casa.

* Zazá, un lugar ubicado en el DF, donde asisten personalidades inigualables.

lunes, 15 de marzo de 2010

El evangelio según San Cholo.

¿Alguien se opone a la celebración de este sacramento?  Preguntó el sacerdote.
¡¡¡ Yo,  estos homosexuales no se pueden casar !!! Interrumpio una voz en el templo.

La iglesia completa volteó a ver al sujeto.

Parado a mitad del pasillo que llega al altar, se encontraba un hombre totalmente desalineado, con costras de mugre y los zapatos totalmente destrozados. Su ropa parecía haber entrado a una trituradora con excepción de su gabardina, que al parecer, la acababa de adquirir.

El tipo con un hedor espantoso, comenzó a caminar hacia el altar. Sus pasos parecían que estuviera escuchando alguna canción de los Bee gees, para ser concreto "stayin´ alive. Con un ritmo cadencioso, una sonrisa irónica y una mirada delirante, llegó al altar, y con gran sutileza arrebato el microfono al sacerdote, dió unos pequeños golpes en el micrófono para ver si servía y lo llevo a su boca.

¡¡ Grandísimos cabrones, les traigo una buena nueva !! Dios nuestro señor , les va a romper su madre.

La novia se desmayó al instante y el novio la detuvo. En las butacas se comenzó a escuchar un murmuro cada vez más fuerte. Algunas señoras de edad avanzada comenzaron a rezar.

 El sacerdote intento quitar el micrófono al sujeto, pero este lo esquivó.  El mugriento soltó un golpe certero a la cabeza al representante de la iglesia, dejandolo inconciente.

¡Les traigo un nuevo evangelio, el evangelio según San Cholo! .
¡Cada uno de ustedes pasará a chingar a su madre! .
¡Dios me dejará solo en este mundo, para poderme beber todo el vino que existe! - Gritaba el vagabundo con una cara endemoniada.

Varios invitados a la boda se arrojarón al tipo para sacarlo del templo, mientras lo detenían, el sujeto grito una sorprendente cantidad de groserías. Nunca una persona había podido decir tantas malas palabras en tan poco tiempo.

Una vez  afuera de la iglesia, el vagabundo grito muy enojado alzando las manos llenas de mugre : ¡¡Que Dios los perdone por no escuchar sus palabras!!

La misa se reanudo treinta minutos después, con muchos ataques de nervios, principalmente de la novia.

jueves, 11 de marzo de 2010

El noticiero.

Encendí el televisor y estabas ahí.  No lo podía creer, te veía con las manos esposadas y una cara desencajada. El noticiero hablaba acerca de un delincuente, de alguien a quién yo no conocía.

Dejé el vaso de agua sobre la mesa y escuchaba atento lo que comentaba el periodista.
Estaba helado, tu imagen la repetían en la pantalla una y otra vez.
Sentí una sensación extraña en el estómago, era un sentimiento de pérdida, como el sentimiento que tiene la gente cuando tiene una ruptura sentimental.

Enseguida pasó por mi mente tu familia, tu padre, tus hijos, tu esposa. ¡¡¡  ¿Cómo están?,  ¿Qué están pensando?, ¿Qué están sintiendo?  !!! . No quisiera estar en sus zapatos.

Seguramente estan pasando muchas cosas por tu mente. Sé que lo que más te duele es tu familia. Es lo más importante en tu vida.

Nunca conocí a la persona que estoy viendo en el noticiero, mi amigo es diferente, es un ser de bondad y alegría. Una persona que tendía la mano cuando había un problema, que lloraba, que reía y se preocupaba de los suyos. No un delincuente.

Espero verte pronto y que el error que cometíste, no mate al amigo que conocí.

sábado, 30 de enero de 2010

Crónicas de un café nudista

¡Buenos días Steve! ¡Sirveme el de siempre!

Steve, el encargado del café, quedó sorprendido al ver a uno de sus clientes asiduos entrar por la puerta totalmente desnudo, con excepción de sus pies, los cuales iban cubiertos con unas botas estilo vaqueras color vino.

Derick, así se llamaba el cliente, era un tipo común y corriente. De una estatura media, piel blanca, y un sobrepeso inminente. Era un tipo de oficina, cincuentón, sin muchas aspiraciones de vida (de lo poco que le quedaba de vida). Siempre vestía trajes en tonos grises y azules. Debajo del saco, llevaba puesto un chaleco o un sweater. Utilizaba zapatos con suela de goma.

Derick se paró en la barra del café, estiró el cuerpo y tomó el diario. Los demás clientes lo observaban consternados, algunos reían, otros simplemente ausentaban la mirada del cuerpo voluptuoso.

Steve, se encontraba del otro lado de la barra, discretamente se acercó a Derick y en voz baja le pregunto: ¿Ya te diste cuenta que vienes desnudo?
- Si, ¿hay algún problema?- respondió.
- Bueno, por mi no hay ningún problema, pero hay clientes que estan incomodos.
- Ese es problema de ellos, no mio. - Argumentó Derick sin quitar la vista de su diario.
- ¿Porqué lo haces? - pregunto Steve.
- Porque hoy quiero dejar de ser ordinario, estoy cansado de hacer lo mismo siempre. Sé perfectamente que no soy un tipo agraciado y mucho menos inteligente. Pero hoy voy a hacer que la gente que me rodea, me recuerde hasta el último día de su existencia. ¿Qué piensas sobre esto? le pregunto a Steve con una cara un poco delirante.
-Bueno, ¡hay otras formas de sobresalir! -Respondió con la mirada en la taza de café que le había preparado.

¡Gracias por el café! Dijo Derick al tomar el vaso desechable.
Dió un sorbo grande y dejó el vaso sobre la barra, enseguida se rascó la nalga derecha sin pena alguna. Dirigió su mirada sobre Steve, y le guiñó el ojo derecho,después bajó su mirada al periódico.

Steve no podía creer lo que veía, estaba mudo, al igual que los demás clientes. Nadie se movía, estaban a la expectativa de los movimientos y comentarios del hombre desnudo.

Derick comenzó a hacer algunos ejercicios aeróbicos en frente de todos. Primero intentó tocarse los pies con las piernas estiradas, después hizo algunos saltos mientras abría y cerraba los brazos y las piernas al mismo tiempo.

¿Qué haces?. Preguntó Steve un poco exaltado.
- Mi rutina diaria de aerobics.
- Pero tu nunca haces ejercicio aquí - Respondió un poco molesto Steve.
- Esta bien, ¡no te enojes!, ya te dije que quiere hacer cosas distintas hoy.

Nadie se movía, sólo observaban.

Derick se recargó de nuevo en la barra y siguió hojeando el periódico. Después de un rato más, tomó su café, dió la media vuelta y se dirigió a los demás clientes diciendo: !Señores, que tengan un excelente día!. Le dió una palmada a Steve en el hombro y salió por la puerta por dónde llegó sin pagar su café.

Steve, vió como se alejaba Derick con un meneo de nalgas impresionante y lo único que pensó fue: ¡Este cabrón es mi héroe!

jueves, 14 de enero de 2010

Marion, dice que se llama Marion / parte 4

Ahí estaba Marion, Había regresado a mi mesa.
¿Quieres que te haga caso? o ¿quieres que te pague un baile? Pregunté.
No contestó nada.
- ¿Que le ves al menú? - dijo con una voz dulce, sentandose a mi lado.
- Pensé que esto era un manual de como asaltar gente.
- ¿Para que vienes a este tipo de lugares si te vas a estar quejando todo el tiempo?
- Vine a acompañar a mis amigos. Pero también me gusta observar a la gente, recuerda que escribo sobre la vida de otros.

Se levantó de la silla, se puso frente a mi y abrió un poco las piernas. Tenía un vestido color vino, de seda. Su figura se veía perfectamente. Puso sus manos sobre sus costillas y las comenzó a bajar eróticamente hasta llegar a sus caderas.
Lentamente se fue inclinando hacia mi, dejandome ver gran parte de sus tetas, y me pregunto: ¿Escribirías algo sobre mi?.
- Sería un honor.
- Hagamos un trato, me pagas un baile y te cuento mi historia- Me sonrio y guiñó un ojo.
Me tomó de las manos y las colocó sobre su vientre. Se sentía ese calor corporal que emiten las mujeres. Su abdomen era duro como una roca. Movió mis manos hacia su cadera hasta terminar en sus nalgas. Mi corazón latía a la velocidad de una auto de fórmula uno. Mi pensamiento aseguraba la existéncia Dios. Esa noche Dios se manifestó en forma de trasero.
Solté sus manos inmediatamnte y le dije: Marion, no me interesa ser tu cliente, en verdad quisiera escribir sobre tu vida.
Se sentó frente a mi y me respondió: Todo en la vida cuesta, nada es gratis y el precio por que escribas sobre mi, es ese. ¿Lo aceptas o lo dejas?.
Y de una forma fresca y segura respondí: No gracias ¡fue un gusto conocerte!.
Sus ojos se encendieron como el infierno mismo e hizo una cara totalmente desencajada. Se levanto enfurecida del asiento sin decirme nada. Sólo la vi alejarse, hasta que se perdio de mi vista.
Llegué a casa y comencé a esribir sobre ella, quizá no sobre su vida, pero si, sobre una noche de su torcida vida.
Termino esta historia, pensando que si hay cosas gratis en la vida.
Marion agradezco escibir acerca de ti ,sin tu permiso....
Besos.

miércoles, 13 de enero de 2010

Marion, dice que se llama Marion / parte 3

Aburrido de ver como mis amigos le metían mano a las bailarinas y las bailarinas sacaban partido de esto pidiendo otros tragos para ellas, decidí orinar.
Escuché como mis amigos me gritaban: "adios putito, que todo salga bien".

Iba camino al baño cuando ví a Marion. Me di cuenta que hacía perfecto su trabajo. Era como un tigre en cacería. Atacaba y destrozaba despiadadamente a su presa.

Se sentó junto al tipo ebrio de traje que había observado desde que entré al bar. Lo abrazó y le dijo algo al oído. Seguramente la muy cabrona le pidió que le invitara un trago y el pobre tipo con la poca conciencia que le quedaba por su majestuosa peda,aceptó.

¡Estaba en lo correcto!, el mesero se acerco a Marion y le puso un trago en la mesa.

Llegué al baño y como en todo buen putero, estaba el tipico empleado de sanitarios. Un viejo de más de 80 años, con pantalón negro y camisa blanca, siempre atento a lo que pasa en su territorio, sin importar si orinas o cagas, ahí está el, esperando a servir.

Terminé de orinar y comenzé a lavarme las manos. En menos de un segundo, el viejo se acercó con una docena de toallas de papel, y me dijo: "Mi señor, aquí tiene usted"

Con la mirada en las toallas que secaban mis manos, le pregunté: ¿A qué hora termina de trabajar ?
- A las 6 de la mañana - respondió con una voz cansada y quebradiza.
- ¿ Está diario aqui?
- Si
- ¿Me imagino que debe estar harto de su empleo?
Y con una sonrisa malévola en su cara y sin titubeos, respondió: ¿En qué lugar del mundo le puedes ver las tetas sin prejucios a tus compañeras de trabajo?

Lo único que pude hacer fue reirme. Su respuesta mato cualquier cuestionamiento más. Salí del baño pensando en como sería el mundo si todos estuvieramos desnudos para hacer nuestras actividades diarias.

Mientras caminaba a mi mesa, busqué con la mirada el lugar dónde se sentaba Marion. Ahí estaba ella, bailando al ritmo de la música, rozando su humanidad sobre el cuerpo inerte del briago de la corbata. El tipo observaba más a la mesa que la piel de Marion. Seguramente la cuenta del pobre desdichado fue infinita. Ahora tendrá que trabajar como bestia durante seis meses para saldar el gasto de una noche de copas.

Llegué a la mesa y uno de mis amigos ya no estaba, había ido a un privado para que una bailarina lo satisfaciera. Mi otro amigo, estaba hipnotizado con la otra chica. La única cosa que se me antojó hacer, era seguir tomando mi bourbon mientras observaba los desfiguros de los pocos clientes del lugar.

Tomé el menú del antro y comencé a leerlo. En verdad los precios eran elevados, pero lo que más me impactó fue el precio de un artículo fuera de serie. ¿Qué putas madres hace un muñeco de peluche en un menú de tragos?, me pregunté mentalmente, y lo más cabrón, ¿Porqué lo venden en mil pesos?. Mientras refleccionaba lo que estaba viendo, escuche una voz sensual al oído que decía: Ya me vas a pelar, ¿ o sigues con tu actitud de marica?.